¡Ni nacen rosas, ni son pintados! El secreto de los flamencos de Celestún
Si alguna vez has ido en lancha por la Ría de Celestún, seguramente te has quedado con el ojo cuadrado al ver esas nubes de color rosa intenso que decoran el manglar. Es un espectáculo que te deja mare linda el alma.
Pero, ¡ponte xux!, porque aquí te traigo un dato que te va a dejar pensando: los flamencos no nacen de ese color. ¡Así como lo oyes, boxito! Nacen de un color grisáceo medio deslavado, pero el secreto de su transformación está en lo que se meten a la barriga.
1. ¡Dime qué comes y te diré qué color tienes!
El misterio no es un truco de magia, es pura dieta. El rosa de estas aves viene de su comida favorita: unos pequeños crustáceos llamados Artemia salina y unas algas especiales que viven en las aguas de Yucatán.
Estos bocadillos están cargados de carotenoides, que es el mismo pigmento que tienen las zanahorias. Al digerirlos, el flamenco absorbe ese "tinte natural" y lo manda directo a sus plumas, su pico y hasta sus patas. ¡Es como si hicieran su propio xec de color por dentro!
2. Entre más rosa, ¡más galán!
En el mundo de los flamencos, la apariencia importa mucho, né.
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Rosa vibrante: Significa que el flamenco está sano, bien alimentado y fuerte. Es como decir que está "al centavo".
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Rosa pálido: Si ves a uno medio blanquecino, puede ser que esté muy joven, que sea viejito o que no esté encontrando suficiente comida.
Además, los flamencos usan ese color tan llamativo para presumir y encontrar pareja. ¡Entre más intenso el rosa, más envidiados son en la ría!
3. Celestún: El restaurante favorito del Caribe
¿Por qué hay tantos en Yucatán? Porque nuestras rías y manglares son como un bufete de comida ilimitada para ellos. Celestún ofrece el ambiente perfecto, poco profundo y lleno de esos crustáceos que los mantienen con ese tono tan presumido.
💡 Tips para tu visita a Celestún:
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Oye, ven acá: Cuando vayas en el tour, pide que apaguen el motor de la lancha a una distancia prudente. Si los asustas y vuelan, gastan mucha energía y se ponen pálidos.
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La mejor época: De noviembre a marzo es cuando el espectáculo está más nohoch, pues llegan miles de ejemplares a refugiarse del frío.